domingo, 9 de noviembre de 2014

¿Por dónde empezamos...?

¿Por dónde empezamos? Esa es la pregunta que me hago aquí y ahora, escribiendo estas líneas. Debo ser sincera: no tengo ni la menor idea. 

Quizá debiera empezar por donde se suele empezar: por el principio. Yo tenía un blog. Sí, tenía. Pero como si nunca hubiese existido. Tuvo tres entradas y fuimos felices mientras duró, pero así es la vida. En fin, que ahí estaba mi blog, muerto de risa, esperando una mínima oportunidad de que ocurriese algo (fíjense ustedes en que hablo de algo, así, a secas. Ni siquiera de algo lo más mínimamente interesante) para que yo volviese a él y escribiese profusamente. Debo decir, con todo el pesar de mi corazón y a pesar de la efímera ilusión que había puesto en él, que lo abandoné -como diría Sabina- como se abandonan los zapatos viejos.
Y heme aquí ahora, recogiendo los zapatos viejos, limpiándolos y poniendo cordones nuevos (trencillas, que dicen en mi pueblo) para darle un nuevo uso.
Debo volver a ser sincera: he vuelto -entra música épica-, pero he vuelto porque este blog es una práctica para una de mis asignaturas obligatorias de la maravillosa carrera que estoy estudiando -sale música épica y entra el game over de Mario Bros-.

Bromas aparte, como futura periodista me parece más que interesante tener un blog. Pero no se llamen ustedes a engaño: yo no he venido aquí a informar. Lo que me devuelve a mi primera pregunta, ¿por dónde empiezo? Cuando me preguntaron en clase de qué haría mi blog respondí automáticamente y henchida de orgullo: CINE. Sí señores. Jamás he estudiado nada que tenga que ver con el cine y no tengo conocimientos técnicos como para dar argumentos de peso si me gusta o no una película, pero me encanta y, ¿por qué no? La cuestión es que también me gusta leer, y no por ello voy a ponerme a escribir reseñas de libros a diestro y siniestro como si poseyera la verdad absoluta sobre la literatura. Y la música, también me gusta la música, pero no por ello voy a incordiar al respetable con mis opiniones como si poseyera la verdad absoluta sobre lo que es o no música (créanme, en privado lo hago con cierta frecuencia, pero ya me siento lo bastante pedante en casa como para trasladarlo también a la red). 

Mientras escribo continúo pensando y he llegado a una conclusión: la vida, por muy mierda que pueda ser a veces (también en ocasiones puedo utilizar un lenguaje soez, ustedes deténganme cuando lo consideren oportuno) puede ser igual de interesante que una buena película, un buen libro o una buena canción. Explotemos eso. ¿O es que hay algo mejor que el inexorable transcurrir de los días?



PD.: En honor a Sabina, y por qué no, a mí misma, ahí va 19 días y 500 noches. Yo espero ser más constante esta vez y no olvidarme de mi pequeña criatura tan pronto como Joaquin lo hizo con María.

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